
Un 22 de febrero de 2014, México despertó con la noticia de la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán en Mazatlán, en un operativo que fue presentado como uno de los golpes más importantes contra el crimen organizado en ese momento. La detención generó reacciones internacionales y fue considerada un avance significativo en la estrategia federal de seguridad, aunque también abrió interrogantes sobre el futuro del Cártel de Sinaloa y la reconfiguración de grupos criminales.
Doce años después, la misma fecha vuelve a colocarse en el centro del debate público tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. El hecho desató una ola de violencia en al menos 14 estados del país, con reportes de bloqueos carreteros, vehículos incendiados, ataques a negocios y enfrentamientos armados en distintas regiones.
Autoridades federales y estatales desplegaron operativos de seguridad para contener los disturbios y restablecer el orden, mientras algunos gobiernos extranjeros emitieron alertas a sus ciudadanos ante la situación. El escenario evidencia la capacidad de reacción de las estructuras criminales tras la caída de sus líderes y la complejidad del panorama en materia de seguridad.

