

De nueva cuenta el proyecto del Atlético de San Luis no llegó a ningún lado pero, ¿De quién es la culpa?.
El Atlético de San Luis cerró la temporada con un rendimiento por debajo de las expectativas y, ante la frustración de la afición, surge la pregunta inevitable: ¿quién tiene la culpa de los malos resultados?.
Aunque siempre buscamos un responsable directo la realidad es más compleja pues con este cierre del torneo todo apunta a que la crisis deportiva es producto de una combinación de errores entre cuerpo técnico, dirección y jugadores.
Empecemos por el director técnico, pues es quien esta tomando el “proyecto”, sin embargo la llegada de Guillermo Abascal al banquillo potosino, implicó un proceso de adaptación que no terminó por consolidarse.
El planteamiento táctico del estratega español mostró inconsistencias durante varios encuentros, especialmente en la transición defensiva y en la generación de peligro al ataque.
Esto dejó cuestionamientos (no solo míos, usted puede ver las redes sociales están inundadas del tema) sobre la efectividad de las estrategias implementadas a lo largo del torneo, pues Abascal llegó a San Luis con un currículum modesto por no decir que es prácticamente un entrenador amateur.
Teniendo esto en consideración, resulta evidente que muchas de las fallas e irregularidades mostradas durante el torneo están vinculadas al trabajo del técnico Guillermo Abascal, quien no consiguió consolidar una conexión sólida con el plantel ni construir un equipo competitivo. Sin embargo, la responsabilidad de lo sucedido no recae únicamente en él.
Aunque es cierto que el equipo careció de refuerzos sólidos y determinantes, tampoco parece que ese haya sido el problema principal.
Ya se ha visto antes que, incluso con planteles modestos, como ocurrió con Domenéc Torrent en su etapa al frente del Atlético de San Luis, el equipo pudo convertirse en un auténtico “caballo negro” y competir seriamente por llegar a una final del fútbol mexicano.
En esta ocasión, Abascal recibió un plantel aún más limitado, sin incorporaciones de peso y con una directiva que aparentó poco interés en reforzar adecuadamente la plantilla.
A pesar de ello, hubo momentos destacados, como el caso de João Pedro, quien llegó con perfil discreto y terminó siendo una de las revelaciones del torneo.
El delantero se colocó como líder de goleo junto a Armando González de Chivas y Paulinho de Toluca, todos con 12 anotaciones, demostrando que el talento individual no era el mayor problema del equipo.
Aun así, la estructura del plantel sí fue un factor determinante. La ausencia de fichajes en zonas clave y la salida de jugadores importantes dejaron a San Luis con un plantel corto en momentos cruciales, lo que puso en evidencia deficiencias en la planificación deportiva.
Por su parte, los jugadores tampoco quedan completamente libres de responsabilidad.
Los errores puntuales, la falta de concentración en jugadas decisivas y la ausencia de liderazgo dentro del campo se hicieron presentes en los partidos clave del torneo.
Esta irregularidad colectiva terminó por frustrar cualquier posibilidad de estabilidad o crecimiento durante la competencia.
No obstante, a pesar de los errores ya mencionados, el origen del problema parece ser más evidente y no se limita únicamente a jugadores o entrenadores.
Aunque ambos tuvieron fallas en momentos decisivos, parece que la mayor responsabilidad del mal paso del Atlético de San Luis recae en la propia directiva.
Tras la salida de Dominic Torrent, se supo que el técnico deseaba continuar con el proyecto, pero la dirigencia no estuvo dispuesta a cumplir con sus exigencias, entre ellas la llegada de refuerzos de peso que permitieran conformar un plantel verdaderamente competitivo y con aspiraciones al título.
En consecuencia, todo apunta a que la crisis del equipo tiene un responsable claro: una directiva que ha mostrado poco interés en invertir tanto en jugadores de calidad como en un cuerpo técnico sólido.
Más allá del hallazgo que resultó ser João Pedro, el club no se reforzó de manera adecuada y ha evidenciado que tampoco apuesta por retener a sus figuras.
Prueba de ello es que, ante las primeras ofertas importantes, no dudan en vender a futbolistas clave. Casos como los de Germán Berterame —quien brilló en Monterrey— y Nico Ibáñez —figura en Tigres— ejemplifican cómo dos jugadores que pudieron mantenerse en San Luis y proyectarse después a Europa fueron cedidos a otros equipos mexicanos.
Este patrón deja ver un panorama claro: la directiva no ha priorizado la construcción de un proyecto sólido ni la continuidad del equipo, y parece más concentrada en los beneficios económicos que en forjar un plantel realmente competitivo.

