

La promesa de realizar campañas con plena conciencia de que hoy el mundo atraviesa una contingencia sanitaria por el Covid-19 quedó sólo en el discurso de los políticos, pues los mítines volvieron pese a la amenaza latente de la propagación del virus SARS-COV-2.
La sana distancia, (espacio de 1.5m entre cada personas) quedó sepultada bajo la plaza del Carmen, fundadores, tequis y cada rincón que han recorrido desesperados porque la gente los escuche y vuelva a creer en ellos.
Hasta hace dos semanas las campañas para la gubernatura del estado se encontraban un poco más mesuradas, los candidatos escondían aún la desesperación por los eventos masivos, a excepción del candidato del Verde, Ricardo Gallardo quién tomó muy enserio su lema de “vivir sin miedo” y pareciera que se burla de la salud y las más de 5 mil muertes en el estado exponiendo a niños, adultos y quien se cruce por su camino repartiendo abrazos y dando ejemplo de todo lo que no se debe de hacer en una pandemia.
Sin quedarse atrás, la doctora Mónica Liliana, popular gracias a la misma pandemia, y Octavio Pedroza de la coalición sí por San Luis y hasta el Tecmol, arropados por el arranque de campañas de candidatos a diputados locales, federales y presidencias municipales se enfilaron a la misma dinámica presumiendo fotos con lugares abarrotados.
En esta pandemia la contienda electoral se ha convertido en una bomba de tiempo, la cual podría explotar en cualquier momento, pues se corre el riesgo de que en unas semanas se vuelva al color rojo en el semáforo epidémico, pero lo realmente catastrófico sería que tras los acarreos, mítines y reuniones, una nueva ola de contagios se desencadene en los municipios rurales, donde los hospitales están a horas de las comunidades, que una vez más no haya camas disponibles para los enfermos del virus, que el número de muertes se dispare y porqué no, que hasta candidatos y candidatas pierdan la vida al contagiarse de coronavirus en la búsqueda de adeptos.

