

Durante sus 76 años de historia el Penal del Topo Chico fue sede de masacres, motines, incendios, epidemias y disputas del crimen organizado.
Con una capacidad para 600 internos alcanzó los 6 mil reos, quienes purgaban su condena en condiciones deplorables.
El tráfico de alcohol, armas, drogas, celdas con privilegios, cuotas a las familias de los internos y el impacto en la actividad criminal al exterior, fueron los motivos para la estrategia emprendida por el Gobierno en el Sistema Penitenciario de Nuevo León, para recuperar el control , despresurizarlo y trasladar a sus internos a diferentes penales.

