

Con un México que está intratable, las posibilidades de una victoria en eliminatoria directa contra Inglaterra se ve posible.
Hay partidos que se juegan con los pies y otros que también cargan el peso de la historia. México e Inglaterra volverán a verse las caras en una Copa del Mundo 60 años después de aquel 16 de julio de 1966, cuando los ingleses se impusieron 2-0 en la fase de grupos. Hoy, el contexto es distinto, pero la oportunidad es enorme.
Nadie puede negar que Inglaterra llega como favorita. Basta ver la calidad de su plantel, el valor de mercado de sus futbolistas y el nivel de las ligas donde compiten. En el papel, la balanza se inclina hacia los europeos. Pero el fútbol, afortunadamente, no siempre respeta el papel.
México mostró ante Ecuador algo que durante mucho tiempo se le exigió, personalidad.
Defendió con orden, compitió cada balón y supo incomodar a un rival que también parecía superior en varios aspectos. Más que el resultado, fue la forma la que ilusionó.
Ahora el escenario cambia, pero también juega a favor. El Estadio Azteca no es cualquier cancha. La altura de la Ciudad de México, el respaldo de más de 80 mil aficionados y el peso simbólico del inmueble pueden convertirse en un aliado que ningún análisis estadístico puede medir con exactitud.
Si México quiere dar el golpe, no necesita ser mejor en nombres, sino en carácter. Los mundiales son ese tipo de torneos mágicos donde cualquier cosa puede pasar, por lo que hoy más que nunca la pregunta toma más fuerza, ¿Y si, sí México?.

