

La política potosina volvió a darnos una de esas escenas donde los abrazos son menos por cariño y más por estrategia. La dirigente estatal del PRI, Sara Rocha Medina, reconoció que su reciente “reconciliación” con el alcalde Enrique Galindo Ceballos no nació de una afinidad personal, sino de una instrucción directa del líder nacional del partido, Alejandro “Alito” Moreno.
Sara Rocha fue clara: “no somos grandes colegas, pero la unidad conviene al PRI.” Detrás de esa frase hay más realismo que diplomacia. En un partido que busca sobrevivir rumbo a 2027, no hay espacio para rencores personales. Galindo, con su experiencia federal y su posición en la capital, representa un activo que el tricolor no puede darse el lujo de perder.
La reconciliación, entonces, no parece fruto de la amistad, sino del cálculo político. El mensaje de fondo es que el PRI potosino empieza a aceitar sus engranes después de meses de fricciones internas. Habrá que ver si esta tregua se traduce en una verdadera reconstrucción o si solo se trata de una fotografía más para el archivo de los acuerdos temporales.
En política, al final, las coincidencias nunca son casuales.

