

La UASLP prepara una ruta común para que cualquier alumno sepa qué hacer ante una crisis, a quién acudir y cómo pedir apoyo. Además, plantea capacitar a docentes y crear redes estudiantiles de acompañamiento sin sustituir la atención profesional.
El miedo, la desconfianza y el desconocimiento sobre dónde solicitar apoyo son algunas de las principales barreras que enfrenta la comunidad universitaria para acceder a servicios de salud mental, de acuerdo con los diálogos realizados por la UASLP durante septiembre.
A partir de más de diez encuentros con estudiantes, docentes, directivos y especialistas en psicología, psiquiatría y tutorías, la Universidad identificó además diferencias en la capacidad de atención entre facultades y campus, así como la necesidad de capacitar al personal docente y mejorar la coordinación de los servicios existentes.
Con esos hallazgos, la institución prepara ajustes a su estrategia de salud mental y bienestar estudiantil, con cinco prioridades: facilitar las rutas para pedir ayuda, capacitar en identificación de riesgos y primeros auxilios psicológicos, coordinar mejor los servicios, crear redes de cuidado con participación estudiantil y mantener acciones permanentes de prevención.
Entre las propuestas se encuentra “¿Qué hago?”, una herramienta con la que se busca que cualquier integrante de la comunidad sepa cómo actuar ante una situación de riesgo, a qué instancia acudir y cómo solicitar apoyo.
La UASLP también plantea integrar a estudiantes en redes de cuidado, aunque bajo capacitación y acompañamiento profesional y sin trasladarles responsabilidades que corresponden a especialistas.
Actualmente existen acciones diferenciadas entre entidades académicas. Por ejemplo, la Facultad de Derecho cuenta con una Red Universitaria para una Justicia de Paz integrada por 70 estudiantes, mientras que Medicina y la Facultad de Estudios Profesionales Zona Media realizan tamizajes a alumnos de nuevo ingreso.
La Universidad comenzó además a recopilar estas experiencias en un repositorio para que puedan adaptarse y replicarse en otras facultades y campus.
El siguiente dato clave se conocerá a partir del 10 de octubre, cuando comenzarán a difundirse los resultados del Diagnóstico de Salud Mental 2026 aplicado a estudiantes. Esa información servirá para detectar necesidades específicas y definir acciones para cada entidad académica.
La estrategia también reconoce que los casos que requieren atención clínica especializada o intervención de emergencia deben canalizarse hacia profesionales e instituciones de salud, por lo que se buscará reforzar la coordinación con autoridades estatales y servicios externos.
En una siguiente etapa, cada facultad y campus deberá traducir los resultados en acciones concretas, con responsables, rutas claras de atención y mecanismos de seguimiento.

