

Ante el proceso de elección de la nueva persona titular de la Dirección de la Facultad de Derecho y Criminología “Abogado Ponciano Arriaga Leija” de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), las académicas firmantes hacemos un llamado a la comunidad universitaria y a las autoridades para que la conducción de nuestra Facultad recaiga en una persona con auténtico perfil académico, comprometida con la docencia, la investigación y la formación crítica de las y los estudiantes.
No basta con aparecer en la Facultad un par de veces al semestre ni con entender la dirección como un encargo administrativo. Necesitamos a alguien que viva la universidad todos los días, que conozca sus pasillos y sus aulas. Alguien con trayectoria comprobada en proyectos académicos, de investigación y de vinculación social; que entienda la complejidad del pensamiento jurídico y criminológico, y que vea en la docencia un espacio para el diálogo, la reflexión ética y el compromiso con la sociedad.
En los últimos años, la Facultad ha atravesado un proceso de burocratización que ha debilitado su vida académica y colegiada, priorizando los trámites sobre el pensamiento, los cargos sobre la comunidad. Es urgente recuperar una conducción académica que ponga en el centro el conocimiento, la ética y el cuidado mutuo.
Por eso insistimos: la Facultad necesita liderazgo pedagógico, no político; conducción académica, no gerencial. El carácter público y humanista de la UASLP exige direcciones con visión universitaria y compromiso ético, no funcionarios de paso. La autonomía universitaria no es una licencia para administrar discrecionalmente, sino una responsabilidad compartida en la enseñanza, la investigación y la defensa de los derechos humanos.
No necesitamos más gerentes del poder. Necesitamos maestras y maestros que acompañen, que escuchen, que sostengan la vida universitaria con honestidad y convicción.
La Facultad de Derecho y Criminología debe volver a ser dirigida por académicas, no por funcionarios.
Nuestra tarea hoy no es hacer una campaña política, sino reconstruir la confianza entre quienes habitamos la universidad: entre colegas, con nuestras y nuestros estudiantes, y con las familias que confían en esta institución.
Porque educar no es extender el poder, sino cuidar la libertad, la ética y el respeto que sostienen la vida universitaria. Y quien asume la dirección con esa sensibilidad no busca adeptos, sino interlocutores. Esa diferencia —profunda y humana— es la que puede devolver la confianza y la dignidad a nuestra Facultad.
Dra. Carla Monroy Ojeda
Dra. Violeta Mendezcarlo Silva
Dra. María Suhey Tristán Rodríguez
Dra. Roxana Abigail Montejano Villaseñor
Dra. Xochithl Guadalupe Rangel Romero
Dra. Elia Edith Argüelles Barrientos

