

“Y no podría con que el día de mañana mi hijo no sepa que moví toda la ciudad y queme toda la ciudad para encontrarlo”, casi tres meses se van a cumplir desde que Liliana vio por última vez a su hijo, “Emi”.
Alrededor de las 3 de la tarde del 6 de junio de 2024, Liliana recibió una llamada de su expareja, quién de favor le pidió ver a su hijo Emilio para ir a comprarle unos tenis, confiada, Liliana accedió a esta salida debido a que en dos ocasiones anteriores las citas entre el pequeño y su padre habían resultado bien, pero al pasar las horas Emilio nunca regresó y su madre no volvió a ver.
José Emilio Núñez, “Emi”, con siete años de edad es un niño con mucha energía, pues se le fue diagnosticado el Trastorno por Déficit de Atención por Hiperactividad pero, esto en lugar de verlo como algo negativo hizo que Liliana lo impulsara a realizar muchas actividades, incluso, se tenía planeado inscribirlo a algún deporte y comenzar con una rutina que hiciera sentir seguro a Emi, luego de haber vivido un entorno de violencia por parte de su padre durante los años que estuvieron los tres juntos.
Ante las circunstancias que pasaron entre Liliana y su expareja, ella decidió (por su hijo principalmente) separarse definitivamente de manera legal y ser independiente para brindarle a Emi un hogar y espacio dónde por fin creciera sin problemas que le afectaran a su salud mental, esto sin saber que sería el desencadenante de la furia del padre de Emilio, quién se lo llevaría y ocultaría su paradero hasta la fecha.
Ese 6 de junio fueron largas horas para Liliana, pues luego de marcar y enviar mensajes, no obtenía respuesta, pasaron las 11 de la noche y los pensamientos no cesaban, la preocupación era tan grande que ella comenzó a desesperarse, y ante la incomunicación, silencio y soledad, le llegó a Liliana el presentimiento que ninguna madre desea tener, “Fue ahí cuando yo supe que ya no me lo iba a devolver”, y desafortunadamente así fue.
El día siguiente, Emi tenía una cita para atención psicológica, e incluso en esa semana iría a los Go Karts con su mamá, comenzarían a definir que deporte practicaría y planificarían sus día a día, pero esto cambió, en lugar de estos sueños que compartiría Liliana junto a su hijo, ella obtuvo mensajes de su expareja violentándola, “sabes que yo te dije que tú me las ibas a pagar” “tú siempre te has creído muy chingona” “te voy a demostrar que eres una pendeja” “Todo esto lo hubieras pensado antes de separarte, tú te has buscado todo esto”, pero lo que más quedó grabado en su cabeza fue lo que le dijo sobre el paradero de Emilio, “me comentó que se había movido él por su parte y que me fuera olvidando de ver al niño por un buen rato”, y esto fue solo el inicio de la separación de una madre y su pequeño.
Entre lágrimas, noches sin dormir y la constante duda de si su pequeño está bien, así ha pasado los días una madre desesperada, quién está a punto de cumplir tres meses sin ver a su hijo, ante esto, Liliana ha tratado de manera legal iniciar una búsqueda para localizar a Emi, pero se le fue negada, ella quiso poner una demanda por guardia y custodia, pero también fue negada, de manera más desesperada quiso levantar una alerta Ámber, e igualmente fue negada, ya que como Emilio lleva el apellido de su padre y está con él, para las autoridades no está desaparecido, y, a pesar de que la violencia vicaria ya está tipificada, parece no tener el peso suficiente para devolverle a Liliana su hijo, ni a ella, ni a muchas mujeres de México que están en la misma situación.
“Tú tuviste la culpa”, “Es que no debiste hacerlo”, “¿Por qué tanta desesperación por verlo si está con su papá?”, además de tener que soportar el dolor de no saber nada sobre su hijo, Liliana debe aguantar los comentarios de las personas que la culpabilizan por esta situación, y que durante este proceso la han dejado sola, lo que muestra que la violencia de género sigue estando presente en San Luis Potosí.
Sin apoyo por parte de las autoridades, Liliana continúa buscando a su hijo, ha puesto su foto en redes sociales con la esperanza de que alguien le diga algo sobre su paradero, ya que durante estos meses ha hablado con él un aproximado de 5 veces únicamente, este dolor aumentó con la última llamada que tuvo ella con Emi, “Mamá es que tú no me buscas” “Tú no me marcas”, estas palabras destrozaron a Liliana, porque ella día y noche ha pensado en cómo recuperar a su niño.
La esperanza continúa, y hasta el momento sólo se tiene una denuncia por violencia familiar, y estas dificultades que ha pasado la madre de Emilio es un reflejo de lo que muchas madres en México viven.
Liliana quiere volver a ver a Emi y realizar los planes que tenían para su futuro, porque ella trabajando arduamente quiere llevar a su pequeño a Cancún, ya que Emi se lo había pedido constantemente, quiere por fin inscribir a su niño a natación o fútbol americano, lo que él decida, y por fin tener la rutina que le dé estabilidad a Emilio.
Y así pasa los días, pensando en todo lo que quedó pendiente por hacer con su pequeño, y lo mucho que lo extraña, y sobre todo queriendo proteger a Emilio de la cultura machista y violenta que hay en México para que no repita estas actitudes cuándo sea mayor, porque Liliana quiere ver a su hijo convertirse en un gran hombre, “Mi miedo más grande es que mi hijo se convierta en uno de estos hombres, por eso yo necesito hacer todo lo que esté en mis manos para protegerlo de este tipo de cultura agresiva y violenta contra nosotras las mujeres”.

