
Tras dos años de ausencia por la contingencia del Covid 19, la noche de este viernes el centro histórico se inundó con la Solemnidad de la Procesión del Silencio, la segunda más importante de todo el mundo.
Las cofradías volvieron a cargar sobre su espalda la fe y la devoción que se mostró más viva que nunca recordando en cada paso la pasión de Jesús.
La marcha silente arrancó a las 20:00 horas, al abrirse las puertas del Templo del Carmen. El primer grupo estuvo integrado por miembros del gabinete del Gobierno del Estado: Martha Elizabeth Torres Méndez, Secretaria de Cultura; Patricia Elizabeth Véliz Alemán, secretaria de Turismo; Guzmar Ángel González Castillo, titular de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado; Noé Lara Enríquez, Oficial Mayor; Daniel Acosta Díaz de León, secretario de Salud; Juan Carlos Torres Cedillo, secretario de Educación y Juan Pablo Escobar Martínez, subsecretario de Interinstitucional.
Los rostros anónimos de mujeres y hombres que sostienen y trasladan pesadas plataformas con las imágenes que representan sus cofradías y algunos otros con cadenas atadas a sus tobillos que deslizan por el adoquín, unos con calzado, otros más con los pies descalzos, lastimados después de recorrer unos metros, pero con la fe y la ilusión que representa para los potosinos esta procesión del silencio.
Un silencio sepulcral, un andar a paso lento, entre sollozos, rezos y llantos; ante la mirada atónita de los miles de asistentes que sufren al igual que los encapuchados la crucifixión, de la muerte en la cruz.
Fue un incesante trabajo por parte de las Cofradías participantes, quienes hallaron eco en la Secretaría de Cultura para realizar La Procesión del Silencio, considerada el evento religioso-cultural más importante en su tipo en el continente americano.
En esta edición número 69, se sumó por primera vez la cofradía de Nuestro Señor de El Saucito, y según la organización, el próximo año podrían participar las 31 cofradías que integran la columna procesional.
La procesión del silencio volvió, mística, imponente, majestuosa e impecable, y con ella, la fe de las y los potosinos vuelve a poner a San Luis Potosí en el ojo del mundo.

