
La “nata” que se vio esta mañana en San Luis Potosí no es solo neblina.
Aunque parte del fenómeno se explica por vapor de agua, especialistas de la UASLP advierten que también hubo incremento de partículas contaminantes por encima de la norma. El problema de fondo no es nuevo: tráfico, industria y ladrilleras siguen generando una “tormenta perfecta”.
Durante la mañana de este miércoles, habitantes de San Luis Potosí reportaron en redes sociales una especie de “nata” o neblina visible en distintos puntos de la ciudad, especialmente en la zona poniente, lo que generó preocupación por un posible incremento en los niveles de contaminación.
Las publicaciones señalaban un ambiente denso y gris, acompañado de denuncias sobre presuntas fuentes contaminantes como ladrilleras, quema de basura e incluso emisiones industriales, con llamados urgentes a las autoridades para intervenir.
Sin embargo, el fenómeno no responde a una sola causa. De acuerdo con Rogelio Flores Ramírez, investigador por México adscrito a la Coordinación para la Innovación y Aplicación de la Ciencia y la Tecnología (CIACIT) de la UASLP, parte de lo observado durante las primeras horas del día corresponde a condiciones atmosféricas.
“En una parte de la ciudad, pues, prácticamente es cuestiones de vapor de agua, esa neblina, básicamente. […] debido a la densidad que presenta este vaporcito de agua, pues, pudiera confundirse”, explicó.
No obstante, aclaró que conforme avanzó la mañana, el escenario cambió. Entre las 7:00 y 8:00 horas se registró un incremento en contaminantes.
“Lo que nosotros vimos fue un incremento en material particular. Entonces, sí la está marcando como una mala calidad de aire, precisamente porque está por encima de los niveles permisibles”, señaló, en referencia a partículas PM10 y PM2.5.
Una revisión de los monitores de calidad del aire entre las 6:00 y las 9:30 horas confirma este comportamiento mixto: mientras algunas estaciones registraban niveles aceptables, otras ya reportaban condiciones por encima de la norma.
El investigador detalló que este tipo de variaciones también está influido por fenómenos como la inversión térmica, que impide la dispersión de contaminantes.
“Es como una olla de presión, en donde tenemos una tapa que evita que puedan escapar estos gases, estas partículas”, explicó.
A esto se suman factores estructurales propios de la ciudad, como el tráfico vehicular, la actividad industrial y la operación de ladrilleras.
“Todo esto, evidentemente, es una fórmula para tener una tormenta perfecta. En este sentido, esta tormenta perfecta básicamente nos daña a la salud por estar expuestos a estos niveles de contaminación”.
Sobre los riesgos a la salud, Flores Ramírez señaló que la exposición a partículas contaminantes puede tener efectos tanto inmediatos como a largo plazo.
En el corto plazo, puede provocar irritación en ojos, alergias, rinitis o agravamiento de enfermedades respiratorias, especialmente en personas con padecimientos previos. En el largo plazo, estos contaminantes están asociados a enfermedades pulmonares, cardiovasculares e incluso cáncer.
“Gran parte de los contaminantes […] están asociados a cáncer de pulmón […] enfermedades cerebrovasculares, entre muchas otras”.
Si bien este miércoles no se registró un evento extremo como el ocurrido días atrás en la Zona Industrial, el especialista subrayó que la ciudad mantiene niveles constantes de contaminación que no han cambiado.
“Seguimos con altas concentraciones de PM10, PM2.5 […] y esto se debe a la dinámica de la ciudad”.
Finalmente, advirtió sobre un problema de fondo: la falta de información oportuna para la población: “Que no tengamos alarmas para poder conocer, básicamente, el aire que respiramos […] para proteger nuestra salud”.

